NOVELA
PUERTO BELGRANO
JUAN TERRANOVA
(Random House - Buenos Aires)
El 10 de Abril de 1982 una multitud se congregaba en Plaza de Mayo para celebrar la invasión de las Islas Malvinas, y vitoreaba a Galtieri, que con voz aguardentosa invitaba a los ingleses a la guerra.
Eduardo Dumrauf, joven cirujano y teniente de Marina, presencia esta escena y la analiza con distancia y cinismo; piensa que la guerra es probable, sabe que la masa no comprende el trasfondo del conflicto ni lo que este implica.
Al día siguiente es citado para servir como médico en el ARA General Belgrano.
De esta manera arranca Puerto Belgrano, de Juan Terranova. Dumrauf, un personaje glacial y lúcido, observa el tránsito hacia la guerra sin juzgar: el desorden en los trenes que llevan los conscriptos al sur, cierto entusiasmo de los oficiales, la impericia y mediocridad de los altos mandos le parecen más bien manifestaciones de la condición humana, y de la condición argentina en particular.
Sus pasiones son el mar y la guerra; así, vive su experiencia en el buque con un cierto deleite, registrando con detalle que ocurre en la operación cotidiana y en sus propios sueños. La aparición en el barco del marino Reina, un personaje enigmático, fantasmal, así como de un par de espías rusos, enrarece aún más el clima de por sí ominoso de esos días -cuyo final nosotros, los lectores, conocemos bien-.
Fantasma de la guerra
Dumrauf cuenta con una voz marcial y económica, que recuerda a la de Ernst Jünger en Tormenta de Acero (es notable el relato de los náufragos y de los trabajos de salvataje, narrados con una intensidad y una precisión extraordinarias). Es un militar convencido de que la guerra está en la esencia de los hombres, más allá de las motivaciones y los resultados; no duda, por ejemplo, en justificar las torturas y los asesinatos de la dictadura militar, que, según su visión, se dieron en el marco de una guerra. Pero Dumrauf no sólo observa, sino que reflexiona sobre la historia bélica, sobre la patria, sobre música. En estas digresiones, que agregan espesor al texto, se leen como una genuina expresión del protagonista –gran acierto del autor, que no cede a la tentación de poner su voz por sobre la de sus personajes–. La vuelta a casa será para Dumrauf un progresivo retiro de todo aquello que le importaba: la derrota lo convierte (como a tantos otros excombatientes) en una especie de fantasma, que habita, más que el presente, el recuerdo de la guerra.
Puerto Belgrano es un libro inteligente y profundo, que aborda un tema sensible de nuestra historia sin dar golpes bajos ni caer en lugares comunes. Es una novela que ignora la corrección política; su lectura generará –como es siempre el caso con la buena literatura– admiración y rechazo, pero en ningún caso indiferencia.
© LA GACETA
Máximo Cheín